
Lunes 15 de junio de 2026 – Firenze Casa de Té
Esta mañana salí a caminar con Haru para buscar el auto.
El frío era intenso. De esos primeros fríos del año que parecen más severos que los del pleno invierno.
Mientras caminábamos por una calle tranquila de Firmat, escuché una voz. Un hombre cantaba mientras cargaba bolsas y chatarra en un camión de recolección.
Lo observé durante unos segundos. Iba y venía entre la vereda y el camión, levantando peso, trabajando con rapidez para alcanzar el ritmo de la jornada. Lo curioso era que seguía cantando. No parecía una expresión de alegría. Tampoco una actuación para quienes pasábamos por allí. Cantaba para sí mismo.
Y entonces recordé en qué había estado trabajando la noche anterior.
Desde fines de Abril, estamos trabajando junto a Sol Panadeiros de Proyecto Emerger, en el encuentro virtual Volver a mirar, dedicado a la transformación de un obi usado, otorgándole una nueva vida. Mientras investigaba sobre los obi y los kimonos, apareció una antigua canción de trabajo llamada Itokuri-bushi (糸繰り節).
La canción era entonada por las personas que participaban en el proceso de devanado de los hilos de seda. Un trabajo paciente, repetitivo y físicamente exigente que requería largas horas de concentración.
Al principio pensé en ella como una curiosidad histórica. Pero después de escuchar cantar a aquel trabajador esta mañana, comencé a preguntarme si aquellas mujeres japonesas y este hombre de Firmat estaban haciendo exactamente lo mismo. No porque compartieran una cultura. No porque conocieran las mismas canciones. Sino porque compartían algo mucho más antiguo. La necesidad humana de acompañar el esfuerzo.
Curiosamente, la neurociencia parece darle la razón a esta intuición.
Investigaciones desarrolladas por el antropólogo Robin Dunbar y su equipo en la Universidad de Oxford sugieren que cantar en grupo favorece la liberación de endorfinas, sustancias asociadas al bienestar y a una menor percepción del esfuerzo físico. En otras palabras: el trabajo sigue siendo el mismo, pero el cuerpo lo experimenta de otra manera.
Otros estudios publicados en la revista científica Frontiers in Psychology observaron que cantar puede reducir indicadores relacionados con el estrés y mejorar el estado de ánimo.
Quizás por eso tantas culturas desarrollaron canciones para acompañar tareas repetitivas.
Canciones para remar.
Canciones para cosechar.
Canciones para hilar.
Canciones para caminar.
Mucho antes de que existieran explicaciones científicas, las personas ya habían descubierto algo que el cuerpo parecía saber por sí mismo. Que una tarea pesada se vuelve más llevadera cuando está acompañada por una voz.
Existe además otro aspecto interesante.
Las investigaciones sobre el canto grupal muestran que compartir una misma melodía fortalece los vínculos entre las personas. Los investigadores llaman a este fenómeno social bonding, algo que podríamos traducir como vinculación social. Tal vez por eso las canciones de trabajo no sólo ayudaban a soportar el cansancio. También recordaban que nadie estaba trabajando solo.
Mientras observaba al hombre cantar esta mañana, pensé nuevamente en aquellas mujeres devanando seda al otro lado del mundo. Las separan siglos de historia, idiomas distintos y realidades completamente diferentes. Sin embargo, el gesto era el mismo.
Una voz acompañando el trabajo.
Quizás el cuerpo conserve memorias que la razón todavía no alcanza a explicar.
Y quizás por eso, cuando una tarea se vuelve pesada, seguimos cantando.
ESCUCHÁ LA CANCIÓN ITOKURI-BUSHI

Registro Mayo - Tés experimentales
A comienzos de mayo, recibí una prueba elaborada por Iván Sand de Alma Annette: un té negro artesanal perfumado con hojas de tabaco orgánico.
El té fue elaborado durante los primeros días de febrero bajo un protocolo de cosecha manual de brote y una hoja, seguido de marchitado, enrulado, fermentado y secado a leña. Una vez finalizado el proceso, se incorporaron hojas de tabaco orgánico curado pertenecientes a Tabaco Sayri.
Alma Annette es una chacra agroecológica ubicada en Colonia Guaraní, Misiones. Allí, el trabajo con el té convive con otros cultivos y con una búsqueda que se desarrolla a pequeña escala, observando cada elaboración como parte de un proceso vivo más que como un resultado definitivo.
Las hebras secas revelan el tabaco y la madera de la leña presentes en su elaboración.
La primera infusión, preparada a 90 °C durante dos minutos, me sorprendió.
Lejos de un perfil intenso o dominante, apareció una sensación húmeda y untuosa que me recordó levemente a los champiñones frescos, percibida hacia el fondo de la boca. Recién en la segunda infusión comenzaron a aparecer las notas florales y suaves que habitualmente encuentro en los tés negros elaborados por Iván.
Las hojas de tabaco no deben infusionarse. En esta prueba inicial, el tabaco fue mezclado directamente con el té, por lo que antes de preparar la infusión fue necesario separarlo manualmente.
La observación de las hojas húmedas permitió registrar una oxidación pareja y una estructura delicada, coherente con el protocolo de cosecha utilizado. Incluso después del enrulado, las hojas conservaron su forma entera y flexible, permitiendo que las infusiones evolucionaran con claridad: una primera taza más húmeda y untuosa, seguida por una segunda donde comenzaron a aparecer las notas florales.
Este registro forma parte de la investigación y documentación que Revista Firenze desarrolla en torno al té argentino contemporáneo y sus modos de elaboración.
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Rokuma, Kioto(ロクマ)
Rokuma es una casa de oficio fundada en 1832 en Kioto, ubicada en el distrito de Shimogyo. A lo largo de generaciones, se ha dedicado al grabado de 判子(hanko), sosteniendo una práctica que continúa vigente en Japón.
El hanko reemplaza la firma en documentos legales y funciona como medio de identificación personal. También se utiliza en el ámbito artístico, como firma en obras de caligrafía y pintura.
A pesar de los cambios tecnológicos, el uso del hanko no ha desaparecido. Sigue siendo una forma concreta de validar la identidad, inscripta en la vida cotidiana japonesa.
En Rokuma, el sello se talla a partir del nombre de cada persona. En el caso de los extranjeros, el nombre se traduce fonéticamente al japonés y se seleccionan los kanji considerando no sólo su sonido, sino también su significado.
“Se podría decir que el destino me llevó a la puerta de Rokuma. Tenía un día relativamente libre de compromisos y decidí perderme en Kioto. Después de una larga caminata, de peinar las calles como dice Leti, el destino me llevó a la puerta de esa tienda de sellos ubicada en Shimogyo-ku, uno de los once distritos de la ciudad de Kioto, al sur del río Kamogawa.”
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Si visitás Kioto, en Rokuma podés encargar un 判子(hanko)con tu nombre. El sello se realiza a partir de la traducción fonética al japonés y la selección de kanji según su sonido y significado. No se elabora en el momento: requiere algunos días de trabajo.
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Marzo 2026
Durante once horas se trabajó sobre 24 muestras de té blanco elaboradas por el equipo de Yerba Mate y Té de la Estación Experimental Agropecuaria Cerro Azul (INTA).
Las muestras fueron elaboradas por el ingeniero Guillermo Arndt, bajo un mismo protocolo de cosecha, a partir de 24 cultivares registrados.
Estas muestras forman parte de un proceso de evaluación orientado a comprender el potencial de los distintos cultivares para el desarrollo de té blanco en Argentina. El análisis se centró en observar las variaciones entre cultivares a partir de una misma metodología de elaboración.
Desde Revista Firenze acompañamos estas instancias como parte de un trabajo que busca tender puentes entre la producción, la investigación y la cultura del té. Compartimos parte del registro fotográfico que formará parte de una edición que será publicada en la segunda mitad de 2026.
VISITÁ INTA CERRO AZUL